Se acaba de estrenar en EE.UU. y promete –veremos– ser el próximo éxito televisivo de la MTV. Death Valley cuenta el día a día de un grupo de policías especializados en cazar monstruos, ya sean zombies, vampiros u hombres lobo. Y visto el argumento y lo que nos ofrece el trailer, se suma a esta moda de bichos sobrenaturales que ha puesto de moda series como True Blood o la más reciente The Walking Dead. La distingue un delirante y finísimo humor negro, y no negro. Vamos que tira bastante para la comedia. Aunque no hay estrellas en el reparto –lo cual a veces se agradece, ya que por un lado propicia la presencia de nuevos talentos y por otro elude los altos costes de producción– entre sus protagonistas destacan Tania Raymonde (a la que hemos visto, sobre todo, en Lost donde daba vida a Alex Rousseau, la hija de Ben Linus), Tobi Meuli (visto en La Red Social) y a Bryan Callen, un cómico apenas conocido (le pueden localizar en un breve papel en Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!).
Y lo mejor: no hay que esperar a que se estrene en España, ya que se puede ver el primer capítulo aquí mismo (tan sólo dura 20 minutos).
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miércoles, 31 de agosto de 2011
"Green Lantern", el Gran Heroe Americano piensa en verde
Da la impresión de que el mundo de los grandes estudios se está tomando cada vez más en serio su negocio, pero en cambio muy en broma a los superhéroes. O eso, o es que en alguno de sus informes estadísticos han descubierto que el público prefiere reirse con los chicos de las mallas y las capas, antes que asumirlos como un mundo paralelo, que es lo que ha hecho el cómic desde hace ya muchos años.
En Green Lantern, o Linterna verde, nos encontramos con algunas de esas cualidades que hemos avanzado. Se trata de un superhéroe poco conocido al que productores, guionistas y director han querido dotar de una vis cómica sin perder de vista el cine de acción, una línea muy fina, que puede llevar al personaje hasta el ridículo, algo que aquí sucede en más de una ocasión. La elección de Ryan Reynolds –que exceptuando esa brillante y claustrofóbica película llama Buried, es más conocido por haberse llevado, boda de por medio, a Scarlett Johansson que por sus cualidades actorales– no parece, sin embargo, la más acertada para tal fin. Sí lo hubiese sido, asumiendo los riesgos, por ejemplo, convertir a Jesse Eisenberg, o Kal Penn, en una Linterna Verde muy próxima a aquel descabellado Gran Heroe Americano interpetrado por el rubio William Katt. A cambio tenemos un superheroe incapaz de expresar algo más allá de su blanca sonrisa, pero eso sí, rebosante de músculos y de belleza. ¿Se puede conseguir con eso una buena película? Difícilmente.
A pesar de todos sus handicaps, que son unos cuantos y evidentes, Green Lantern puede resultar entretenida. Su protagonista, Hal Jordan, juega a ser el chico bala perdida y desastre, pero de buen corazón, que conseguirá llevarse a la chica gracias a eso, bueno a eso y a un anillo que le dota con superpoderes tales como volar por todo el planeta. El ritmo y la acción de la película sostienen a este desconocido heroe que piensa poco y en verde, y que se ha rodeado de algunos de actores de peso –Tim Robbins o Mark Strong– que poco pueden hacer para salvar un producto que será, previsiblemente, arrollado por otros superheroes de mayor peso y envergadura, cinematográficamente hablando.
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En Green Lantern, o Linterna verde, nos encontramos con algunas de esas cualidades que hemos avanzado. Se trata de un superhéroe poco conocido al que productores, guionistas y director han querido dotar de una vis cómica sin perder de vista el cine de acción, una línea muy fina, que puede llevar al personaje hasta el ridículo, algo que aquí sucede en más de una ocasión. La elección de Ryan Reynolds –que exceptuando esa brillante y claustrofóbica película llama Buried, es más conocido por haberse llevado, boda de por medio, a Scarlett Johansson que por sus cualidades actorales– no parece, sin embargo, la más acertada para tal fin. Sí lo hubiese sido, asumiendo los riesgos, por ejemplo, convertir a Jesse Eisenberg, o Kal Penn, en una Linterna Verde muy próxima a aquel descabellado Gran Heroe Americano interpetrado por el rubio William Katt. A cambio tenemos un superheroe incapaz de expresar algo más allá de su blanca sonrisa, pero eso sí, rebosante de músculos y de belleza. ¿Se puede conseguir con eso una buena película? Difícilmente.
A pesar de todos sus handicaps, que son unos cuantos y evidentes, Green Lantern puede resultar entretenida. Su protagonista, Hal Jordan, juega a ser el chico bala perdida y desastre, pero de buen corazón, que conseguirá llevarse a la chica gracias a eso, bueno a eso y a un anillo que le dota con superpoderes tales como volar por todo el planeta. El ritmo y la acción de la película sostienen a este desconocido heroe que piensa poco y en verde, y que se ha rodeado de algunos de actores de peso –Tim Robbins o Mark Strong– que poco pueden hacer para salvar un producto que será, previsiblemente, arrollado por otros superheroes de mayor peso y envergadura, cinematográficamente hablando.
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martes, 30 de agosto de 2011
"El planeta de los simios", la de toda la vida, vuelve a los cines Verdi de Madrid y Barcelona
NOTA DE PRENSA: "Dada la gran cantidad de peticiones por parte del público, los CINES VERDI de MADRID y BARCELONA tienen el placer de anunciar para este viernes 2 de septiembre, la reposición en la gran pantalla de uno de los grandes clásicos de la ciencia-ficción, proyectada con copia nueva y restaurada: EL PLANETA DE LOS SIMIOS (The Planet of the Apes, 1968) deFranklin J. Schaffner. A raíz del éxito de crítica y público de su reciente reboot, EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, de Rupert Wyatt, brindamos esta oportunidad al público joven y un poco menos joven, de descubrir y/o revisitar esta magistral, existencialista (la bestialidad humana) y entretenidísima película fantástica y de aventuras, protagonizada por Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans y Linda Harrison. EL PLANETA DE LOS SIMIOS, obtuvo 2 nominaciones al Oscar©: Mejor Banda Sonora(excelente trabajo del gran Jerry Goldsmith) y Mejor Vestuario (Morton Haack). Asimismo, John Chambers ganó un Oscar© Honorífico al Mejor Maquillaje, ya que en 1969 no existía esta categoría en los Premios de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. (En el maquillaje se había invertido el 17% del presupuesto total de 6 millones de dólares que costó la película). |
El consagrado director Franklin J. Schaffner (El señor de la guerra, Patton, Nicolás y Alejandra), logró adaptar con gran éxito artístico y de taquilla la novela homónima del francésPierre Boulle, La planète des singes (publicada en 1963), lo cual motivó la producción de varias secuelas, así como una serie de TV y otra de dibujos animados durante la década de los años 70. A ello también ayudó el férreo y sorpresivo guión, el magnífico diseño de producción de Jack Martin Smith y William Creber, la carismática interpretación de Charlton Heston, la fotografía de Leon Shamroy y un final antológico, impactante e inolvidable". Sinopsis: En el año 3978 una nave espacial procedente de la Tierra, desde el año 1973, realiza un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido. Los astronautas, al mando del coronel George Taylor (Charlton Heston), descubren que en este planeta los seres inteligentes y especie dominante son unos simios que comparten características físicas con los chimpancés (científicos), gorilas (militares) y orangutanes (religiosos y políticos) de la Tierra, pero que han desarrollado una civilización militarizada, además de poder hablar. Los humanos de ese mundo, en cambio, tienen facultades sociales muy poco desarrolladas, son incapaces de hablar y son cazados en batidas militares y tratados como ganado por los simios dirigentes. |
lunes, 29 de agosto de 2011
"La víctima perfecta", cine innecesario
La víctima perfecta ha encontrado precisamente como víctima perfecta a los espectadores españoles. Ya que de otro modo se hace difícil comprender por qué una película que en su país de origen, EE.UU., ha saltado directamente al Dvd, aquí, en España, se ha colado en la cartelera pre-veraniega. O sí. Seguramente tenga algo que ver que su protagonista sea la oscarizada Hillary Swank y que estos días esté en cartelera con otra película, de mayor calidad y de muy distinto calado llamada Betty Ann Waters, o quizá la productora ha pensado que aquí, en Europa, es más fácil colar gato por liebre.
Pues no se lo crean. No es gato. Por mucho que se disfrace tras un marchamo de terror claustrófico –el guión nos cuenta la historia de una cirujana de urgencias que busca una casa en la que reconstruir su hogar, después de que su novio se la pegase en su propia cama– o por muchas secuencias de horror, sangre y cuchillos que guionista y director han tenido a bien ofrecernos, La víctima perfecta no pasa los controles de calidad mínima exigibles al género. Y no lo hace porque de entrada su planteamiento resulta inverosímil –un edificio de Brooklyn en el que las puertas de las casas están todo el día abiertas y en el que parece haber un solo inquilino– y porque en ningún momento el director se ha atrevido a explicar mínimamente cuáles son las motivaciones que empujan a un maduro atractivo (Jeffrey Dean Morgan) a convertirse en un experimentado psicópata-voyeur. Si a eso le unimos una falta total de interés en la trama principal, un abuso de la música en determinadas secuencias y una falta total de estética y originalidad, ya tenemos suficientes ingredientes para que La víctima perfecta se nos atragante antes de llegar a la media hora.
Una pena que Hillary Swank no elija mejor sus proyectos, al igual que Jeffrey Dean Morgan, a quien hemos visto bastante en Anatomía de Grey y a quien en el cine recordamos sobre todo por su papel de El Vigilante en Watchmen. Mención a parte para Christopher Lee, actor marcado por su dilatada carrera en el cine de terror y al que próximamente veremos de nuevo ponerse la túnica de Saruman en el megaproyecto de El Hobbit.
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Pues no se lo crean. No es gato. Por mucho que se disfrace tras un marchamo de terror claustrófico –el guión nos cuenta la historia de una cirujana de urgencias que busca una casa en la que reconstruir su hogar, después de que su novio se la pegase en su propia cama– o por muchas secuencias de horror, sangre y cuchillos que guionista y director han tenido a bien ofrecernos, La víctima perfecta no pasa los controles de calidad mínima exigibles al género. Y no lo hace porque de entrada su planteamiento resulta inverosímil –un edificio de Brooklyn en el que las puertas de las casas están todo el día abiertas y en el que parece haber un solo inquilino– y porque en ningún momento el director se ha atrevido a explicar mínimamente cuáles son las motivaciones que empujan a un maduro atractivo (Jeffrey Dean Morgan) a convertirse en un experimentado psicópata-voyeur. Si a eso le unimos una falta total de interés en la trama principal, un abuso de la música en determinadas secuencias y una falta total de estética y originalidad, ya tenemos suficientes ingredientes para que La víctima perfecta se nos atragante antes de llegar a la media hora.
Una pena que Hillary Swank no elija mejor sus proyectos, al igual que Jeffrey Dean Morgan, a quien hemos visto bastante en Anatomía de Grey y a quien en el cine recordamos sobre todo por su papel de El Vigilante en Watchmen. Mención a parte para Christopher Lee, actor marcado por su dilatada carrera en el cine de terror y al que próximamente veremos de nuevo ponerse la túnica de Saruman en el megaproyecto de El Hobbit.
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domingo, 21 de agosto de 2011
"Paul", extravagantes vs extraterrestres
Simon Pegg y Nick Frost, dos cómicos sobradamente conocidos en el Reino Unido y un poco menos en EE.UU., se han encargado de escribir y protagonizar esta disparatada y paródica comedia sobre un alien macarra y malhablado llamado precisamente Paul, y para la que han contado como director con Greg Mottola, realizador responsable de comedias como Supersalidos o Adventureland.
No es su primera intervención como guionistas, sobre todo para Pegg, que lleva ya cuatro películas y una larga lista de series de televisión, y a la vista de los resultados en taquilla seguro que no será la última.
En esta ocasión, Pegg y Frost, siguiendo la línea abierta con su primer trabajo en el cine, la divertidísima Zomby’s Party –un poco menos en la siguiente, Arma Fatal, parodia del cine de acció– recorren algunos de los tópicos más conocidos del género de alienígenas, teniendo siempre presente que sus objetivos paródicos los encontramos en Mi amigo Mac y, sobretodo, E.T.. No vamos a desvelar situaciones o personajes, pero son evidentes las referencias a las películas del creador de esta última, Steven Sielberg, recorriendo las secuelas de Star Wars, la saga de Indina Jones y por su puesto sus Encuentros en la tercera fase. James Cameron, el otro tótem del cine comercial, está más que presente, él y sus Aliens –la presencia de Sigourney Weaver lo ratifica– o incluso Titanic. Pero la guinda se la llevan series como Expediente-X o clásicos de los sesenta como La conquista del espacio. Toda una retahíla de presencias –no en vano sus protagonistas, Graeme y Clive, son dos fanáticos que acuden anualmente a la cita con el Comic-Con de San Diego, la feria del cómic más friki y conocida de todo el planeta–, menciones, frases, diálogos y personajes, extraídos del diario de estos dos mitómanos. Todo aderezado con una sucesión de gags de resultado incierto e irregular, que es de lo que básicamente se nutre esta ensalada cinematográfica en forma de homenaje.
Hay que reconocer sin embargo que entre Simon y Nick existe una química especial más allá de la pantalla y en la que, probablemente, tiene mucho que ver su dilatada amistad. Otra cosa es que sus chistes, exaprubtos y gags nos resulten tan graciosos como a ellos. Y si dejamos al margen ciertas referencias tratadas con ingenio, la película no va más allá de la comedia comercial de enredo americana. La identidad británica y la incontinencia se aquella magnífica comedia con la que estos dos británicos parodiaban, también en idílico homenaje, las películas de zombies, se han visto empobrecidas en este tercer intento. El fuelle perdido en Arma fatal se hace evidente cuanto más contenida se vuelve su comedia. Una oportunidad que sin embargo sí ha sabido aprovechar la pareja de Little Britain (Matt Lucas y David Walliams) en su aproximación al mundo USA, demostrando los excesos de una sociedad a la que Simon Pegg y Nick Frost califican acertadamente de alienígena.
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No es su primera intervención como guionistas, sobre todo para Pegg, que lleva ya cuatro películas y una larga lista de series de televisión, y a la vista de los resultados en taquilla seguro que no será la última.
En esta ocasión, Pegg y Frost, siguiendo la línea abierta con su primer trabajo en el cine, la divertidísima Zomby’s Party –un poco menos en la siguiente, Arma Fatal, parodia del cine de acció– recorren algunos de los tópicos más conocidos del género de alienígenas, teniendo siempre presente que sus objetivos paródicos los encontramos en Mi amigo Mac y, sobretodo, E.T.. No vamos a desvelar situaciones o personajes, pero son evidentes las referencias a las películas del creador de esta última, Steven Sielberg, recorriendo las secuelas de Star Wars, la saga de Indina Jones y por su puesto sus Encuentros en la tercera fase. James Cameron, el otro tótem del cine comercial, está más que presente, él y sus Aliens –la presencia de Sigourney Weaver lo ratifica– o incluso Titanic. Pero la guinda se la llevan series como Expediente-X o clásicos de los sesenta como La conquista del espacio. Toda una retahíla de presencias –no en vano sus protagonistas, Graeme y Clive, son dos fanáticos que acuden anualmente a la cita con el Comic-Con de San Diego, la feria del cómic más friki y conocida de todo el planeta–, menciones, frases, diálogos y personajes, extraídos del diario de estos dos mitómanos. Todo aderezado con una sucesión de gags de resultado incierto e irregular, que es de lo que básicamente se nutre esta ensalada cinematográfica en forma de homenaje.
Hay que reconocer sin embargo que entre Simon y Nick existe una química especial más allá de la pantalla y en la que, probablemente, tiene mucho que ver su dilatada amistad. Otra cosa es que sus chistes, exaprubtos y gags nos resulten tan graciosos como a ellos. Y si dejamos al margen ciertas referencias tratadas con ingenio, la película no va más allá de la comedia comercial de enredo americana. La identidad británica y la incontinencia se aquella magnífica comedia con la que estos dos británicos parodiaban, también en idílico homenaje, las películas de zombies, se han visto empobrecidas en este tercer intento. El fuelle perdido en Arma fatal se hace evidente cuanto más contenida se vuelve su comedia. Una oportunidad que sin embargo sí ha sabido aprovechar la pareja de Little Britain (Matt Lucas y David Walliams) en su aproximación al mundo USA, demostrando los excesos de una sociedad a la que Simon Pegg y Nick Frost califican acertadamente de alienígena.
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lunes, 15 de agosto de 2011
"Templario", acción, sangre, espadas y poco más
No sabemos muy bien a qué obedece el interés por contar esta historia medieval que poco o nada aporta al género novelesco de luchas de espadas medievales y que pasará a formar parte –junto con La legión del Águila, por poner un ejemplo reciente– de ese paquete de historias destinadas, sin remisión, al cajón del olvido.
Si nos atenemos a sus aspectos estilísticos Templario está realizada con pulcritud y ambientada con credibilidad; su fotografía y sus secuencias de acción demuestran las lecciones aprendidas de Gladiator y de series como Spartacus: todo resulta sucio y lleno de barro cuando los personajes se rebozan en él, y sangrante y plagado de vísceras cuando las espadas abren y cortan la carne de sus enemigos. Queda patente por tanto la intención de someter al espectador a ese baño de gore al que ya nos tienen acostumbrados las reconstrucciones medievales recientes.
Es en su guión donde se revelan las carencias y flaquezas de este drama épico-histórico. De entrada, la película está basada en el cerco al que el Rey Juan Sin Tierra (Paul Giamatti) y sus tropas mercenarias someten a las huestes del Barón Albany (Brian Cox), lideradas por el templario que da nombre a la película (James Purefoy) y atrincheradas en el castillo de Rochester. Una trama que se antoja insuficiente para mantener las dos horas de película y en la que la historia de amor entre el templario Marshall y la señora del castillo (Kate Mara), esposa del Señor de Cornhill (Derek Jacobi), además de increíble carece de la química suficiente como para encender pasiones.
Una pena que el trabajo de tan buenos actores –desde Brian Cox, hasta Paul Giamatti, pasando por Jason Flemyng o Kate Mara– quede ensombrecido por una historia que cabalga hacia ninguna parte, y de la que tiene también una parte de culpa su director un prácticamente desconocido Jonathan English, que hasta ahora contaba con más currículum como productor que como realizador.
Si nos atenemos a sus aspectos estilísticos Templario está realizada con pulcritud y ambientada con credibilidad; su fotografía y sus secuencias de acción demuestran las lecciones aprendidas de Gladiator y de series como Spartacus: todo resulta sucio y lleno de barro cuando los personajes se rebozan en él, y sangrante y plagado de vísceras cuando las espadas abren y cortan la carne de sus enemigos. Queda patente por tanto la intención de someter al espectador a ese baño de gore al que ya nos tienen acostumbrados las reconstrucciones medievales recientes.
Es en su guión donde se revelan las carencias y flaquezas de este drama épico-histórico. De entrada, la película está basada en el cerco al que el Rey Juan Sin Tierra (Paul Giamatti) y sus tropas mercenarias someten a las huestes del Barón Albany (Brian Cox), lideradas por el templario que da nombre a la película (James Purefoy) y atrincheradas en el castillo de Rochester. Una trama que se antoja insuficiente para mantener las dos horas de película y en la que la historia de amor entre el templario Marshall y la señora del castillo (Kate Mara), esposa del Señor de Cornhill (Derek Jacobi), además de increíble carece de la química suficiente como para encender pasiones.
Una pena que el trabajo de tan buenos actores –desde Brian Cox, hasta Paul Giamatti, pasando por Jason Flemyng o Kate Mara– quede ensombrecido por una historia que cabalga hacia ninguna parte, y de la que tiene también una parte de culpa su director un prácticamente desconocido Jonathan English, que hasta ahora contaba con más currículum como productor que como realizador.
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