sábado, 21 de mayo de 2011

"El último exorcismo", verdades a medias

El falso documental es un recurso que el cine de terror ha adoptado en los últimos años con resultados más que aceptables. El potencial de la televisión como multiplicador del efecto realidad –falsa por otro lado– al que los cineastas pretenden imitar y el baratísimo uso de la cámara en mano y el sonido directo, son sin duda dos bazas a tener muy en cuenta. El proyecto de la bruja de Blair (1999) abrió un camino que pocos quisieron o supieron explorar. Ocho años después Jaume Balaguero y Paco Plaza, dos de nuestros mejores directores de terror, reinterpretaron el modelo de forma magistral en su primer Rec (2007) –de que estos días ruedan la tercera entrega– adaptando el modelo del reporterismo televisivo en su viaje al terror de vecinal.
Daniel Stamm, joven director aleman afincado en Hollywood con tan sólo un, brillante, largometraje en su currículum –A Necesary Death–, ha querido construir El último exorcismo al modo de un falso documental que sigue las peripecias de Marcus Cotton (Patrick Fabian), un peculiar predicador y exorcista recién imbuido en una singular crisis de fe –que nos recuerda sospechosamente al icono del género–. Cotton pretende desvelar las técnicas fraudulentas que existen tras el denominado “negocio del exorcismo” y para ello viaja, junto con un equipo de cámara y sonido, hasta la Lousiana rural donde un granjero, convencido de que su hija adolescente Nell (Ashley Bell) está poseída por un demonio, solicita sus servicios.

Stamm mantiene el pulso narrativo y la tensión durante más de una hora. Pero llegado ese momento comenzamos a ver que tras ese cinema verité en el que se esconde su discurso, no parece haber mucho más. Quizá por eso el giro de guión que nos depara en sus últimos minutos suena más a parche o a tirita que a sorpresa final. Un buen intento de aproximación a nuestro Rec o a Actividad Paranormal, que por desgracia para los amantes del género se queda a mitad de camino.


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